¿Cambio de juego?: El renacimiento del estándar Tesla (NACS) para recargar vehículos eléctricos

Dicen que hay años en los que no pasa nada y días en los que pasan años. Algo así ha ocurrido en las últimas semanas en la industria de la movilidad eléctrica en América del Norte. La decisión de dos de las tres grandes automotrices americanas, Ford y General Motors, de producir vehículos eléctricos con el conector de Tesla (North American Charging Standard, NACS por sus siglas en inglés) en lugar de seguir usando el Sistema de Carga Combinado (Combined Charge System, CCS por sus siglas en inglés) ha sacudido al mercado.

Durante las últimas décadas, Tesla había utilizado el NACS como una tecnología propietaria, orillando al resto de las empresas automotrices, tanto de Norteamérica como exportadores de otras regiones, a trabajar con el CCS en combo 1 para el estándar americano. Hasta hace unas semanas, cualquier miembro de la industria habría afirmado que el dominio del CCS1 hacía que lo más viable para el desarrollo de infraestructura fuera homologar los sistemas de recarga al mayor grado posible en ese estándar.

Sin embargo, la reciente decisión de las automotrices pone en tela de juicio esa recomendación y, de hecho, ha puesto una enorme sombra sobre el futuro del combo 1 en América del Norte. La noticia de Tesla es un movimiento que cambia el juego. La empresa es dueña de la red de recarga rápida más extendida, funcional y eficiente en Canadá, Estados Unidos y México. Y precisamente por su inversión en infraestructura, hoy se coloca en una posición privilegiada para convertirse en el estándar dominante de la región. Ahí está la clave.

¿Era previsible?

En 2016, en la recepción de las oficinas de Tesla en Palo Alto, se podía ver una pantalla que mostraba en tiempo real la adquisición de infraestructura de recarga a nivel mundial. Pocas personas en el mundo entendían, en ese momento, que la capacidad eléctrica es limitada y que tener la mejor ubicación con capacidad de suministro es el mayor activo en un sector cuya mayor carencia es la infraestructura de recarga.

Tesla se dedicó por años a encontrar esas joyas en todo el planeta. Al principio, con un modelo disruptivo y costoso, pagando renta por las ubicaciones donde instala sus supercargadores, financiando la electricidad de sus usuarios y garantizando que sus cargadores funcionen 24/7. Mientras tanto, el resto de las automotrices instalaron cargadores que regalaron en la mayoría de los casos, sin garantizar que seguirían funcionando con el paso del tiempo.

En Estados Unidos surgieron muchas redes de carga rápida como EVLink o Charge Point. Redes de baja potencia, con poco flujo de efectivo que terminaron poniendo pocos cargadores y haciendo compleja la experiencia del usuario al haber tantas redes entre las cuales se debía navegar. Se crearon demasiadas tarjetas de Identificación por Radio Frecuencia (RFID), sobradas aplicaciones que cobraban de manera desordenada y muchas veces incomprensible, tratando de capitalizar desde el inicio un mercado que no maduraba. 

En México, Tesla inauguró su primer supercargador en junio de 2016, el primero de Latinoamérica. Para finales de 2018, mientras el resto de las automotrices había logrado instalar conjuntamente 500 cargadores en corriente alterna, Tesla ya tenía en su haber 1,776 centros de recarga en esa velocidad: sólo uno de cada tres puntos de recarga era SAEJ1772. 

En noviembre de 2022, tras un supuesto y probablemente planeado aislamiento, Tesla anunció que liberaba la patente de su estándar de recarga. Meses después Ford anunció que lo incorporaría en sus automóviles y que fortalecería también la red de infraestructura. Tesla ofreció 12 mil puntos de recarga en Estados Unidos y Ford se comprometió a añadir 1,800 más. Jugada redonda. 

El fortalecimiento de la red de recarga (NACS) que hasta ahora Tesla impulsaba de manera solitaria ya se ha fortalecido también con la adición de empresas productoras de cargadores: Tritium, ABB, Schneider Electric y Blink, entre otros, anunciaron durante las últimas horas que incorporarán el estándar NACS a su producción.

¿Qué esperar en el futuro?

Las implicaciones para la infraestructura de recarga, sin embargo, no pueden ser tan profundas en el corto plazo. Si bien todo pareciera indicar que con Tesla al frente de la red de recarga rápida más extendida y funcional en el mercado, los usuarios comerciales e individuales de vehículos eléctricos preferirán moverse hacia esta solución de recarga, utilizando NACS y CCS1 alternativamente; también es verdad que ya hay un buen número de vehículos circulando con el estándar que se pensaba sería el dominante. No solo eso. La administración Biden ha invertido billones de dólares en infraestructura de recarga CCS1. Electrify America, el programa del gobierno estadounidense para financiar centros de recarga, está diseñado para requerir conectores CCS. En todo caso, es más probable que ahora Tesla comience a obtener algunos de esos millones de dólares en subsidios. Ya sea solo por los principales fabricantes de automóviles que respaldan NACS, o porque ellos mismos faciliten un modelo que soporte ambas tecnologías.

Al menos por ahora y el futuro cercano, las estaciones de recarga comenzarán a soportar de manera simultánea NACS y CCS. Eventualmente, a medida que los adaptadores estén disponibles para automóviles más antiguos (CCS), solo deberán ser compatibles con NACS. Es decir, el número de vehículos actualmente en circulación, además del volumen de los autos eléctricos importados al mercado americano hacen inviable que en el corto plazo el CCS1 sea abandonado.

La gran lección: la infraestructura de recarga está definiendo el potencial de la movilidad eléctrica. Las capacidades de desarrollo de la industria están fuertemente vinculadas a la forma en la que las distintas empresas que conformamos este ecosistema logremos responder a ese desafío.

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