Cuando el CERO suma. Tendencias que colocan a los EV´s en el centro de la movilidad del futuro

El sector transporte, particularmente el terrestre, es clave para lograr emisiones globales netas cero para 2050, el punto nodal para limitar el calentamiento global a 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales.

Con una responsabilidad del 17% de las emisiones globales de CO2, es creciente la demanda social y cada vez son más las presiones para la transformación de ese sector.

Los grandes jugadores de las industrias automotriz, logística y energética, por decir las más relacionadas, están en el centro de la atención. Las marcas de otras industrias, que se apoyan en el transporte terrestre para suministrarse o entregar sus productos y servicios, también. 

Son tiempos de transformación. La ruta, los tiempos y objetivos ya están definidos. Así que la cuestión es quiénes reciben los reconocimientos por liderar la transición a un modelo de movilidad sostenible y quienes asumen el costo del rezago.

En 2019, la firma de consultoría McKinsey ya denominaba a estos tiempos de cambio, como “el segundo gran punto de inflexión de la movilidad”. 

El primero sería cuando, a fines de los 1900, los autos de combustión alcanzaron el punto de fabricación en serie, se volvieron más asequibles y consiguieron la masa crítica suficiente para desplazar definitivamente a los caballos como el medio de transporte dominante.

Ese punto de inflexión significó, en el curso de nuestra civilización, un cambio de paradigma sobre la movilidad. 

El concepto de movilidad en la generación de entonces estaba asociado a los equinos, y las resistencias al cambio fueron muchas, incluso cuando el cambio ya era irreversible.

Así lo ilustra la conocida frase atribuida a Henry Ford -que según historiadores nunca dijo- y que es un verdadero retrato de época: “Si hubiera preguntado a la gente qué quería, habría dicho que caballos más rápidos”.

Hoy, mientras la conversación pública todavía se concentra en qué queremos, y si los EV´s alcanzarán la masa crítica para desplazar a los vehículos de combustibles fósiles, hay indicadores claros de que el cambio en el sector ya está en marcha, y a un ritmo que dejará en el rezago a quienes no hagan las lecturas adecuadas.

El Net Zero o neutralidad en carbono suma cada vez más apoyos, consensos y recursos, y los vehículos eléctricos se posicionan como una pieza clave del nuevo engranaje de la movilidad del futuro. 

Robert Altes, de BBVA Open Innovation, ha señalado para BBVA Spark -la unidad del banco que provee de insights a empresas de alto crecimiento- que hay dos mega tendencias en 2023: “la descarbonización y la disrupción tecnológica, que tienen el potencial de transformar todas las industrias”.

Por su parte, el reporte de McKinsey, Technology Trends Outlook 2023 coloca a las tecnologías de movilidad, así como a las de electrificación y renovables como dos de las 15 tendencias tecnológicas que, en este año, junto con la inteligencia artificial (IA), podrían impulsar un crecimiento sostenible e inclusivo, así como contribuir a resolver desafíos globales complejos.

A continuación presentamos 3 apuntes que pueden ser de relevancia para quienes tienen el reto de liderar la transición de industrias y marcas a modelos de logística, transporte y movilidad sostenibles:

  • La movilidad del futuro ya llegó, tiene componentes y valores definidos y solo es cuestión de tiempo para que incida en todos los sectores. 

Según McKinsey, las tendencias tecnológicas de la nueva movilidad son i) la transición hacia la conducción autónoma, ii) la conectividad, iii) la electrificación de los vehículos y iv) la movilidad compartida.

“Este cambio promete alterar los mercados y al mismo tiempo mejorar la eficiencia y la sostenibilidad del transporte terrestre y aéreo de personas y bienes”. 

Como sucede en toda transición tecnológica de gran calado, buena parte de las nuevas tecnologías de movilidad ya desarrolladas aún no se ven en circulación, o lo hacen gradualmente, debido a cambios regulatorios pendientes de concretarse, a capacidades asimétricas y falta de infraestructura compatible, así como a cadenas de suministro en camino de consolidarse.

Todo ello, como apuntamos, es cuestión de tiempo.

El concepto de movilidad que comenzó con del dominio de los coches de combustión ha tenido hasta ahora como valores la seguridad de conductores y pasajeros, la velocidad y la apariencia se los vehículos. En la modalidad del futuro los valores son otros: eficiencia, conectividad y sostenibilidad.  

  • El Cero Neto suma cada vez  más interés, recursos y capital humano.

El Cero Neto o neutralidad en carbono ha impulsado la transformación y modernización de una industria de movilidad con tracción en ascenso y con un ecosistema de soluciones que atraen cada vez más talento e inversiones. 

McKinsey, en su Technology Trends Outlook 2023 destaca: 

El interés, la inversión y la innovación en las nuevas tecnologías de movilidad se han duplicado en los últimos cuatro años, al pasar de 98 billones de dólares en 2018, a 194 billones en 2022.

El crecimiento en la demanda de talento (+15% de 2021 a 2022) apunta hacia avances en nuevas soluciones y aplicaciones más amplias de las existentes.

El aumento en la solicitud de patentes relacionadas con tecnologías de movilidad y el crecimiento acelerado del mercado mundial de software automotriz a una tasa compuesta anual del 5,5 por ciento de 2019 a 2030.

A todo ello se suma el incremento de apoyos económicos de organismos internacionales que  tienen como meta acelerar la transición a la movilidad sostenible, particularmente en regiones en desarrollo.  

Un ejemplo es el reciente anuncio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Verde para el Clima (GCF, por sus siglas en inglés) de crear el primer fondo regional para promover la movilidad eléctrica (e-movilidad) y el uso del hidrógeno verde en América Latina y el Caribe con una aportación inicial de US$450 millones en préstamos concesionales y donaciones a nueve países. 

El objetivo, está claro, es uno: impulsar la creación de redes de movilidad eléctrica integradas y resilientes al cambio climático y apoyar la transición de todas las regiones a modelos compatibles con los objetivos ambientales globales. 

  • Las materias primas para baterías, el acceso a energía y la creación de infraestructura de recarga se vuelven cruciales para la transición a la movilidad sostenible.

La tendencia creciente en la demanda de EV´s pone presión para la oferta en la cadena de suministro de fabricantes de autos, el abasto de energía y la capacidad instalada de recarga.

La fabricación de baterías de los EV´s necesita resolver la previsible escasez y encarecimiento de metales raros que se usan en su producción -particularmente el metal no sustituible en las baterías de tracción: el litio-, además de reducir su impacto ambiental. 

El 2022 Electric Vehicle Outlook de BloombergNEF (BNEF) analiza dos escenarios de adopción del vehículo eléctrico y su impacto en la demanda de litio futura: 

Un escenario exclusivo de transición a EV´s, en el que la demanda global de litio adicional alcanzaría las 30,3 toneladas en 2050, con lo que se agotarían las reservas actuales para 2045, pero que previsiblemente se pueda reducir a la mitad gracias al surgimiento de composiciones químicas de baterías de nueva generación con mayor tiempo de vida, de carga más rápida y capaces de almacenar más energía por masa de litio. 

Y un escenario complementario de “demanda reducida”, en el que el centro sería la reducción de la dependencia del coche mediante un cambio en el reparto modal con desplazamientos a pie, bici o transporte público. En este escenario, se estima una reducción estimada del 15% en el parque automovilístico y una despresurización de la cadena de suministro de la industria automotriz.

En lo que respecta a suministro de energía e infraestructura de recarga, el apunte es que el crecimiento en la demanda de EV´s lleva la atención al mix de energía usado ofertado en cada región (proporción entre renovables y no renovables) y a la creación de más infraestructura con tecnologías limpias para la generación y almacenamiento de electricidad. 

La creación de una nueva infraestructura de recarga, igualmente, se coloca como una de las grandes asignaturas para la movilidad que viene.

Un ejemplo es Europa, donde hay avances significativos en modelos de movilidad limpia y que podría requerir una inversión de más de casi 250.000 millones de euros para concretar entre otras cosas las actualizaciones de la red de servicios públicos, aumentar la capacidad de producción de energía renovable y proporcionar los más de 3 millones de puntos de recarga públicos estimados que se necesitan para 2030.

Las tendencias apuntan en una dirección clara: un nuevo paradigma de movilidad -integrada y resiliente al cambio climático- gana terreno. Este suma cada vez mayores recursos, consensos e incentivos. Su itinerario pasa por la reducción de la dependencia de autos en el sistema de transporte; el uso creciente y sostenido de los EV´s como medio de transporte terrestre de carga y personas; así como la incursión de tecnologías disruptivas que están aún en una etapa inicial de desarrollo y van dirigidas a resolver los problemas que se presenten en el camino de nuestra generación hacia un futuro más sostenible.

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