Megatendencias: ¿porqué el cambio climático terminará con la dominancia de los autos de combustión?

¿Qué son las megatendencias? Se trata de fuerzas fundamentales que modelan nuestro mundo; de procesos transformativos de largo alcance, de dimensión global e impacto dramático. 

Las megatendencias son factores perturbadores a gran escala; fuerzas de cambio emergentes, altamente estructuradas y poderosamente transformadoras. Auténticas piedras de toque. 

Gobiernos, instituciones, compañías e individuos identifican, estudian y utilizan las megatendencias para hacer planeación y diseñar estrategias; para implementar políticas y mejorar prácticas; para tomar, con proactividad, decisión y acción.

El término “megatendencia” fue usado y popularizado por John Naisbitt, quien, en 1982, en su libro Megatrends: Ten New Directions Transforming Our Lives, propuso que había 10 fuerzas que estaban llevando al mundo a transitar de una sociedad industrial a una sociedad de la información.

Con esta expresión inició una conversación sobre prospectiva y futurismo que ha arrojado mejores luces a tomadores de decisión sobre las variables que inciden e impactan estructuralmente la vida de todos. 

Sin debate, científicos, analistas y consultores consideran al cambio climático y la disponibilidad sostenible de recursos entre las megatendencias más relevantes. 

Las megatendencias proveen de información de largo plazo al análisis estratégico. Nos permiten, ahora, tomar mejores decisiones para el futuro.

La iniviativa Sydney Business Insights, de la Escuela de Negocios de la Universidad de Sydney, propone una lista actualizada de la hecha por Naisbitt con 6 megatendencias que “están cambiando cómo operan los negocios y cómo funcionan las sociedades”. Si usted es un ejecutivo en una marca o corporativo, tal vez ya esté ajustando o implementando estrategias a partir de ellas: 

i) Tecnologías de alto impacto, ii) individualización acelerada, iii) cambio demográfico, iv) urbanización exacerbada, v) seguridad climática y de recursos, y vi) cambio de poder económico.

Andrew S. Winston, el tercer pensador más influyente en el mundo corporativo según Thinkers50, y consultor experto en estrategia y negocios sostenibles, considera que de las megatendencias que han marcado este 2023, la crisis climática es la que la humanidad está obligada a atender de manera prioritaria, pues de ello depende simplemente todo lo demás. 

En congruencia con su posición, Winston se ha enfocado en los últimos años a promover modelos de negocio socialmente responsables, probando que la nueva forma en que hoy se crea valor implica necesariamente servir al interés común, y, particularmente, al planeta.

Seguridad climática y de recursos: cuestión de tiempo, y de supervivencia. 

La industrialización trajo consigo un incremento inédito del PIB global, y generó riqueza y disponibilidad de bienes y recursos para la humanidad como nunca antes. También produjo un deterioro ambiental sin precedentes. 

La economía creció en la misma proporción y al mismo ritmo que la emisión global de carbono, y, con ello, se produjo el fenómeno que en 1975 Wallace S. Broecker acuñara con el término “cambio climático”. Con la publicación de su artículo: “Cambio Climático: ¿Estamos al borde de un calentamiento global pronunciado?”, las expresiones “cambio climático” y “calentamiento global” fueron cobrando cada vez más relevancia en la conversación pública y la agenda internacional.

La trayectoria que sigue el cambio climático y sus impactos es una megatendencia de la que depende el futuro de la humanidad. 

En la próxima década, la temperatura global incrementará más de 1.5 grados Celsius por encima de los niveles de temperatura preindustriales, a menos que la comunidad internacional tome medidas contundentes para reducir, antes de 2030, como mínimo un 50% las emisiones globales de gases de efecto invernadero. En este escenario se enmarcan las medidas establecidas por el Acuerdo de París.

Las previsiones son, por decir lo menos, preocupantes. Incluso alcanzando la referida meta, algunas comunidades, asentamientos humanos, especies y ecosistemas enteros muy probablemente desaparecerán. 

De acuerdo con la Universidad de Sidney, en la actualidad, más de 3 billones de personas viven en lugares altamente vulnerables a climas extremos. Alrededor de 1 cuarto de la población mundial se verá expuesta a inundaciones; y otro tanto -aproximadamente 1 billón- estará expuesta a oleadas de calor y estrés hídrico. En los próximos años, al menos en alguna temporada del año, la mitad de la población mundial experimentará escasez de agua.

3 implicaciones críticas del cambio climático

Según la consultora McKinsey, en su reciente reporte Ten key requirements for a systemic approach to climate adaptation, la crisis climática actual presenta un desafío mayúsculo para la humanidad si se le compara con otros fenómenos de cambio climático a los que ya se ha adaptado con relativo éxito en su historia. Esto, principalmente debido dos factores: i) a la velocidad con que en esta ocasión se ha presentado el cambio climático y ii) a la existencia de sistemas complejos ya establecidos -creados en un contexto de estabilidad climática que ya no existe-, que definen dónde y como vivimos, producimos alimentos y creamos e intercambiamos bienes y servicios.

Esta nueva realidad, según la consultora, trae aparejadas tres implicaciones críticas: La primera es que la adaptación será necesaria pero no suficiente por sí sola para gestionar eficazmente un clima altamente cambiante en el curso del tiempo. La segunda, que cualquier enfoque de adaptación con visión de futuro debe ser sustancialmente más intencionado y planeado, a diferencia de los esfuerzos del pasado. Y la tercera es que, al igual que con la transición a una economía neta cero, la adaptación requiere una visión sistémica para apoyar y complementar esfuerzos locales, nacionales y globales, pues es fundamental que esta sea lo más ordenada y efectiva posible.

En este camino, forzosamente tendrán que converger innovaciones tecnológicas, cultura y voluntad colectivas para que la ventana de oportunidad no se cierre. 

De la obsolescencia programada a la descarbonización programada 

En los indicios del siglo XX, Thomas Alva Edison creó un prototipo de bombilla o lámpara incandescente que alcanzaba una duración de 1500 horas. El rotundo éxito de esta invención prometía iluminar a cada vez más hogares y espacios públicos, con un foco más durable y asequible. 

Esta innovación tecnológica resultaba altamente benéfica para los consumidores finales, pero no así necesariamente para las grandes compañías dedicadas a la fabricación de bombillas. 

Se dice que ese fue el contexto en el que surgió el primer “trust” o acuerdo entre marcas dominantes de la industria, que, privilegiando la maximización de rentas, trajo como resultado una producción estandarizada de bombillas de duración máxima de 1000 horas. 

Así, la innovación tecnológica disponible en aquél entonces no produjo los beneficios sociales posibles, debido a lo que en la década de los 50´s el diseñador industrial Brooks Stevens denominaría como obsolescencia programada. 

En sentido opuesto a aquellos tiempos, vivimos una época en la que la eficiencia, la sostenibilidad y el cero neto se alcanzarán, necesariamente, por programa.

La mega tendencia de la crisis climática ha impuesto su agenda; y ha obligado a nuestra generación a tomar medidas contundentes, así como a acelerar y a programar el abandono de la infraestructura que se construyó en la era industrial -basada centralmente en combustibles fósiles- para adoptar otra mas sostenible y respetuosa del medio ambiente.

Los acuerdos políticos, consensos y apoyos económicos para descarbonizar al sector productivo son cada vez más.  Y el sector transporte está en el centro de la atención.

Hacer frente a la crisis climática requiere medidas de adaptación y estrategias de mitigación. Las medidas de adaptación a las nuevas condiciones ambientales incluyen la creación de nueva infraestructura verde que dé paso a la descarbonización de la economía. Las de restauración, la recuperación de suelos y masas hídricas o la captura masiva de carbono. 

Debido a crisis climática, la movilidad sostenible dejará de ser una alternativa para convertirse en parte central de esa infraestructura verde que hoy ya se construye, y que será de uso obligado para la viabilidad de nuestras sociedades. 

Los autos eléctricos son solo una pieza del engranaje; una “terminal” de tecnología compatible con sistemas de movilidad resilientes al cambio climático que serán alimentados por sistemas de producción, distribución y suministro de energías más limpias. 

Las grandes marcas de la industria automotriz tienen planes claros para ganar posición de mercado en la medida que los autos eléctricos cobran cada vez mayor participación en las ventas globales de autos, y se consolidan como la tecnología de movilidad dominante. 

Firmas como Porsche, por ejemplo, prevén que para 2025 el 50% de sus ventas será de autos eléctricos e híbridos. Grupo Sellantis (Peugeot, Citroën, Opel, DS y Vauxhall) ha puesto 2025 como horizonte para que toda su gama de vehículos cuente con una versión eléctrica o híbrida enchufable. Mercedes Benz ha señalado 2039 como fecha para completar un portafolio neutral en emisiones de carbono. Volkswagen y Ford, por su parte, han anunciado que para 2030 el 100% de su portafolio será eléctrico en el mercado europeo. Audi ha fijado 2026 para dejar de producir autos a gasolina o diesel en ese mercado. General Motors prevé dejar de tener autos de combustión en 2035, mientras que en 2025 tendrá disponibles 30 modelos totalmente eléctricos y espera que 40% de sus ventas sean cero emisiones. Honda contará con 40% de su portafolio con tecnologías eléctricas o de hidrógeno y proyecta llegar al 100% en 2040, misma fecha fijada para tal efecto por Hyundai Motor Company. En 2025, Mini Cooper lanzará su última producción de autos de combustión y se convertirá en una marca 100% eléctrica para 2030, lo mismo que Volvo y Fiat.    

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Tomar acción de cara a las fuerzas estructurales que modelan y definen el devenir de nuestra historia (ya sean demográficas, tecnológicas, sociales o medioambientales) es un asunto clave para marcas e industrias que hoy, como nunca antes, están llamadas a ser responsivas, resilientes y socialmente responsables.

La industria automotriz se prepara ya para abandonar el motor de combustión interna y para transitar, en el mediano plazo, a la movilidad eléctrica. Las marcas más relevantes de esa industria hoy adaptan y diseñan sus portafolios para ofrecer los vehículos que llevarán a nuestra generación a un futuro más sostenible.  

Como sostiene Andrew Winston, la sostenibilidad es un buen negocio, y las fuerzas que la impulsan no van a desaparecer.

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