Poco ruido y muchas nueces: los autos eléctricos como medida para revertir la contaminación acústica, segunda causa de enfermedades por motivos medioambientales. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación acústica es la segunda causa de enfermedad por motivos medioambientales después de la contaminación atmosférica. 

Poco nos hemos detenido a reflexionar al respecto, pero el ruido -esa mezcla de sonidos no estructurados, mayoritariamente producidos por la actividad humana-, cuando rebasa cierto número de decibeles, está asociado a afectaciones al sistema nervioso autónomo, a alteraciones circulatorias, cardiacas, respiratorias, endócrinas, así como a anomalías de la presión sanguínea, del sistema digestivo y del sueño. Lo anterior, además de la disminución del bienestar general, la reducción de la capacidad cognitiva, y del aumento de la irritabilidad y la pérdida de la concentración, el estrés, la hipertensión y del riesgo de eventos cardiovasculares.

Sí. Escuchaste bien. El ruido a altos niveles no solo puede afectar tu capacidad auditiva. El ruido merma de una forma más amplia, casi sistémica, tu calidad de vida y la de tu comunidad.

La OMS define como ruido a cualquier sonido superior a 65 decibeles. Para establecer un referente de lo que esto significa, una conversación considerada asertiva, sin alzar la voz o gritar, puede rondar los 55-60. 

Los valores límite recomendados por dicho organismo para el ruido exterior de día son entre los 50-55 decibeles, y para la noche se reducen a 40-50. A partir de los 70 decibeles con una exposición de 24 horas se considera un ruido capaz de generar daño auditivo, entre  100 y 130 produce incomodidad auditiva y más de 130 riesgo de daño físico como ruptura de tímpano. 

El Worldwide Hearing Index elaborado por Mimi, ofrece evidencia del deterioro que el ser humano presenta cuando vive expuesto a un medio ambiente contaminado por el ruido. 

Tal vez lo más significativo de este reporte es que la edad real de las personas difiere notablemente de lo que ahí se denomina como su “edad auditiva”, en la medida en que estas viven en un lugar que excede los niveles de ruido considerados aceptables. 

Según este ejercicio hay una correlación (positiva de 64%) entre la pérdida auditiva y el hecho de vivir en una ciudad con alta contaminación por ruido; y este, aunque es difícil determinar con precisión, se explica principalmente debido a la actividad industrial y comercial, la construcción, las fiestas y eventos musicales masivos, el transporte aéreo y, por supuesto, el tráfico vehicular.

Según Mimi, y en lo que respecta al tráfico vehicular, los autos de combustión sin silenciador pueden llagar a ubicarse en el rango de 90-100 decibeles, lo que, afirma, podría ser comparable con escuchar a un jet despegando a 305 metros de distancia.

La Asociación Médica Mundial (AMM), en su Declaración sobre la Contaminación Acústica ha catalogado a este fenómeno como una seria amenaza para la salud pública.

En el mismo sentido, el informe Fronteras 2022: ruido, llamas y desequilibrios, nuevos temas de interés ambiental del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, destaca que la contaminación acústica en las ciudades es un peligro creciente para la salud pública y que entre las medidas más rentables y sencillas de aplicar para combatir las fuentes de ruido destacan la gestión del flujo de tráfico rodado, ferroviario y aéreo, el uso de calzadas o vías férreas de bajo nivel de ruido, así como la sustitución de los motores de combustión interna por sistemas de propulsión más silenciosos, es decir, los vehículos de motores eléctricos.

Una de las grandes ventajas de los vehículos eléctricos es su prácticamente nulo nivel de emisiones sonoras. Cuando este tipo de vehículos se desplaza a menos de 20 kilómetros por hora estos autos no emiten prácticamente ningún sonido, y rebasando este umbral comienzan a producir sonidos que se mantienen aún por debajo de los límites marcados por la OMS para considerarse ruidos.

Dicho lo anterior, los autos eléctricos parecen la solución evidente ante la amenaza de salud pública que representa la contaminación auditiva que padecen las grandes ciudades y en general los países altamente industrializados.

Lo cierto es que, como toda nueva solución tecnológica, los coches eléctricos traen consigo también nuevos retos y problemas a resolver.  

En lo que se refiere a su funcionamiento silencioso, el que produce mayor preocupación es su mayor probabilidad de producir accidentes viales y atropellamientos debido precisamente a que las personas se apoyan del sonido para prever el acercamiento y la velocidad a la que se desplazan los autos. 

De cara a esta situación, han surgido múltiples propuestas, como es el caso del proyecto eVader, apoyado por la Comisión Europea, tiene como propósito definir sonidos que sean capaces de avisar a los usuarios, al tiempo que mantienen los niveles de ruido inferiores a los de los automóviles de combustión.

En la Unión Europea, región donde se han dado avances significativos al respecto debido al uso creciente de los autos eléctricos, se cuenta con un reglamento que regula el nivel sonoro de los vehículos de motor y que obliga a los vehículos eléctricos de nueva homologación a que  hagan ruido incorporando un sistema de aviso acústico de vehículos (SAAV).

Aunque paradójicamente el sonido de un coche eléctrico se debe diseñar y producir  artificialmente para mejorar la seguridad vial sin rebasar los límites de decibeles considerados como tolerables, algunas marcas han aprovechado para crear experiencias de uso distintivas y exclusivas, particularmente en los segmentos de altas prestaciones.

Tal es el caso de la casa automotriz Jaguar, a la que le tomó años ensayar, desarrollar y aplicar el sonido y sistema de alerta auditiva de su modelo I-PACE, proceso que fue acompañado en su momento por miembros de la asociación Guide Dogs for the Blind, la organización benéfica más importante del Reino Unido especializada en personas afectadas por pérdidas de visión.

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Por muchas razones, en Ce Neutral consideramos que la era de los autos de combustión está en su etapa final. 

Una de ellas es que hoy existen tecnologías de movilidad como los coches eléctricos que, además de permitir el abandono programado de los combustibles fósiles -causa principal de las emisiones de Co2 responsables de la crisis climática-, también ofrecen una posibilidad de transporte más silenciosa y confortable, tanto para conductores como para peatones, en respuesta a la amenaza de salud publica que representa la alta contaminación auditiva. 

Los autos eléctricos son la tecnología de movilidad más sostenible y asequible con que cuenta la humanidad para pasar “de entornos ruidosos a paisajes sonoros positivos”, como sugiere el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

En buena medida, por este y otros impactos positivos, es que consideramos que una de las decisiones políticas más trascendentes que hoy pueden tomar los ciudadanos es apoyar y promover el uso de medios de transporte eléctricos. 

Son cada vez más las personas convencidas de que la movilidad eléctrica es la más viable; de que hoy las palabras clave, cuando hablamos de transporte, ya no son velocidad y confort, sino eficiencia y sostenibilidad. 

Bajo estos conceptos que evolucionan en valores sociales es que los coches eléctricos suman cada vez más usuarios y avanzan en la consolidación de la masa crítica necesaria para romper otro de los muchos mitos que están rompiendo: que, en la movilidad sostenible, muchas nueces pueden hacer, para bien de todos, poco ruido.

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