Volver al futuro en un DeLorean. ¿Por qué las fuentes de energía marcan los hitos de la movilidad y las transiciones tecnológicas de los vehículos?

  • Marty McFly: “¡¡Un momento… un momento Doc ¿quiere decir que ha construido una máquina del tiempo… con un auto DeLorean?!!…” Back to the Future, 1985.

 

Volver al futuro, la saga de ciencia ficción escrita y dirigida por Robert Zemekis, estrenó su primera entrega en 1985. 

Marty McFly, el protagonista, viaja accidentalmente desde 1985, su época, a 1955, la época en que sus padres se conocen. El inesperado viaje de Marty se produce tras huir del ataque de unos sujetos a los que el Doctor Emmet Brown les robó una carga de plutonio -metal raro y escaso, como el litio que hoy se usa para fabricar baterías- requerido para que la máquina del tiempo genere una corriente eléctrica de 1.21 gigavatios de energía, lo que, según la trama, permite que los circuitos del tiempo y el condensador de flujo funcionen.

La máquina del tiempo del Doc fue construida en un DMC-12, DeLorean, 1981.

1. El mundialmente famoso -y descontinuado- DeLorean

Pocas personas saben que el famoso DeLorean realmente existió. La gran mayoría piensa que se trató de un auto de utilería, hecho a medida de la película, para dar forma a una versión arquetípica de auto futurista en el contexto de la década de los 80.

John Zachary DeLorean, un reconocido ingeniero de la industria automotriz en los años 70, había optado por truncar su exitosa carrera como vicepresidente de la General Motors para emprender y crear su propia marca. Así, en 1975, fundó la DeLorean Motor Company.

La propuesta de valor de John DeLorean para su opera prima, el DMC-12, era la de un auto que garantizara una larga durabilidad y una alta seguridad a los pasajeros; en total congruencia con los valores dominantes -y pain points de usuarios- de la industria. Así, la primera versión del prototipo era conocida como DSV-1 o DeLorean Safety Vehicle.

Se trató de un vehículo que, a pesar de integrar innovadores aspectos de diseño, autoría del premiado Giorgetto Giugiaro (con colaboraciones para Bugatti, AMC, Alfa Romeo, Ducati, Ferrari, Fiat, Ford, Lamborghini, BMW, Audi, Lotus, Lexus, Renault, Suzuki, Toyota, Hyundai, Volkswagen o Isuzu, entre otras) como las puertas con apertura vertical o tipo “alas de gaviota”, el motor trasero de origen europeo, la ventana trasera con persianas y carrocería con paneles de acero inoxidable cepillado, fijados con tornillos para facilitar reparaciones, en realidad era muy poco eficiente.

El DeLorean o DMC-12 desarrollaba inicialmente una potencia de 130 HP (132 CV; 97 kW) a 5.500 rpm y un par máximo de 208 N·m (153 lb·pie) a 2.750 rpm. Las regulaciones de emisiones de CO2 en algunos mercados a los que iba dirigido requirieron modificaciones en la configuración del motor, como en los convertidores catalíticos, lo que causó una importante reducción en la entrega de potencia y en su rendimiento. Esto se tradujo en un desempeño considerado como decepcionante, si se le comparaba con otros deportivos de la época.

Tal vez por eso la sorpresa de Marty McFly, al saber que la máquina del tiempo del Doc se había construido con la versión en aquél entonces conocida del DeLorean. 

El auto de Back to the Future, que tenía un precio original de USD 25,000, tuvo una producción total aproximada de 9 mil ejemplares hasta antes la quiebra de su casa matriz.

2. De la ciencia ficción al futurismo, a la velocidad del auto

En 2008 el American Film Institute catalogó a Back to de Future como la décima mejor película de ciencia ficción de todos los tiempos en su listado AFI’s 10 Top 10. También podría ocupar el top 10 si hubiera un ranking de películas de futurismo.

La historia apunta a un tema fundamental: Marty necesita resolver un problema complejo, con múltiples variables, para no quedar atrapado en el pasado: encontrar una fuente de energía más potente y eficiente que la disponible en esa época; concretar las adecuaciones tecnológicas necesarias para aprovecharla correctamente; y hacerlo oportunamente, antes de que se cierre su ventana de oportunidad.

El drama está en el sentido de urgencia. Se trata de una carrera contra el tiempo, en la que es fundamental resolver problemas de disponibilidad y suministro energético, así como de desarrollo tecnológico en materia de distribución y recarga de la batería de su DeLorean.

A una escala global -si se nos permite la analogía- un desafío similar es el que condiciona el pase de nuestra generación a un futuro sostenible: enfrentamos el reto de desarrollar y transitar a tecnologías de movilidad y transporte resilientes al cambio climático, tema fundamental entre las medidas de mitigación de cara al calentamiento global.

En 1975, mismo año en que John DeLorean fundara su compañía, Wallace Smith Broecker publicó su artículo científico: “Cambio Climático: ¿Estamos al borde de un calentamiento global pronunciado?». A partir de entonces, las expresiones “cambio climático” y “calentamiento global” comenzarían a ser de uso común, lo que se reforzaría con la altamente difundida declaración, en 1976, del científico Mijaíl Budyko: “Ha comenzado un calentamiento global”. 

Para 1988, cuando se evidenció el año más caluroso jamás registrado, los medios de comunicación de diversas naciones comenzaron a vincularlo con algo llamado “efecto invernadero”. 

El repunte inédito de la temperatura global coincide con el incremento del PIB global producto de la industrialización y, en particular, con la expansión sin precedentes de los vehículos de combustión como medio de transporte.

A finales de la década de 1980 y comienzos de 1990 líderes de diversas naciones incluyeron en sus agendas políticas al calentamiento global como una amenaza para el planeta.

El Acuerdo de París -que tiene como principales metas i) limitar el aumento medio de la temperatura global a 1.5°C (máximo 2°C) en relación con los niveles de temperatura preindustriales, y ii) alcanzar la neutralidad climática en 2050- , coloca al sector transporte como una variable clave para el cumplimiento de sus objetivos.

La Agencia Internacional de Energía (IEA) confirma lo anterior: los vehículos eléctricos son la tecnología necesaria para descarbonizar el transporte terrestre, que representa más del 15% de las emisiones mundiales relacionadas con la energía.

La IEA preve que el crecimiento experimentado en los últimos dos años en la demanda mundial de EV´s permitiría que las emisiones de CO2 de los automóviles se coloquen para 2030 en un camino alineado con el Escenario de Emisiones Netas Cero para 2050 (NZE).

Las marcas automotrices, en una carrera por el futuro

Hoy los grandes jugadores de la industria automotriz están en el centro de la atención. Son tiempos de cambio, y lo saben. Igual que en la historia de ficción, el sentido de urgencia está claro, así como el llamado a la acción para innovar y adaptarse a tecnologías que faciliten la descarbonización del transporte. La ventana de oportunidad está -aún- abierta.

Hoy están definiéndose las posiciones de esos jugadores, en una carrera por la transición a modelos de movilidad compatibles con los objetivos globales ambientales.

La firma de consultoría McKinsey considera que estos tiempos de cambio para la industria automotriz son “el segundo gran punto de inflexión de la movilidad”. 

El paradigma de la movilidad basado en combustibles fósiles y que priorizaba la seguridad en el transporte y el desempeño -velocidad, durabilidad y confort- está en su etapa final. Cede paso a uno nuevo, cuyos valores dominantes son la eficiencia, la conectividad y la sostenibilidad.

En este camino, las grandes marcas de la industria han tomado posturas y puesto en la mesa sus argumentos e innovaciones tecnológicas para ganar posiciones de liderazgo y legitimidad en un sector en proceso de reconfiguración.

Toyota, por ejemplo, es reconocida por sus esfuerzos dirigidos a desarrollar tecnologías de movilidad basadas en hidrógeno. Lo que mantiene abierto un debate sobre la viabilidad de los vehículos eléctricos como verdadera solución a la descarbonización del transporte. No obstante, la alternativa del motor de hidrógeno plantea retos aun no resueltos, que la descartan como tecnología viable hacia un modelo de movilidad sostenible y, sobre todo, de dominancia global.

Un auto con pila de combustible de hidrógeno (FCV por sus siglas en inglés): 

  • Consume 4 veces más electricidad por kilómetro que uno eléctrico de baterías, si el hidrógeno se obtiene por electrólisis.
  • Es 40 % menos eficiente que uno eléctrico de baterías si el hidrógeno se obtiene con gas natural, además de que emite cantidades significativas de CO2 en el proceso.
  • La infraestructura para transportar, almacenar y distribuir el hidrógeno sería altamente costosa, mientras que la red de distribución eléctrica ya existe.
  • El uso de hidrógeno presenta riesgos mucho mayores que el uso de baterías, dado que el hidrógeno es inflamable, incoloro e inodoro.

 https://youtu.be/489lnAN8CmQ?feature=shared

El debate está abierto, aunque los consensos, apoyos y recursos crecientes en torno a la movilidad eléctrica son ya, en nuestra consideración, un indicador clave de que el segundo punto de inflexión de la movilidad es eléctrico.

Para muestra, la decisión del Parlamento Europeo que establece que para 2035 estará prohibido fabricar autos con tecnología de combustión interna, medida que se complementa con un impulso sin precedentes a la instalación de infraestructura pública de recarga para vehículos eléctricos en toda la región.

En el mismo sentido, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Verde para el Clima (GCF, por sus siglas en inglés) recientemente han anunciado el primer fondo regional para promover la movilidad eléctrica (e-movilidad) y el uso del hidrógeno verde en América Latina y el Caribe con una aportación inicial de US$450 millones en préstamos concesionales y donaciones a nueve países. 

Tal vez en diferente escala y velocidad, pero los pasos se están dando en la misma dirección. A diferencia de la historia de ficción de Back to the Future, donde el protagonista es un viajero solitario por el tiempo, el reto que hoy tiene frente a sí nuestra generación es crear la tecnología e instalar la capacidad global necesaria para transportar al futuro -uno ambientalmente sostenible- a toda la humanidad.

El DeLorean, Back to the Future

Después de más de 4 décadas de haber parado su cadena de producción, el DeLorean prepara su regreso con apoyo del enorme activo de su marca internacionalmente reconocida y de un nuevo equipo de expertos que buscan que este vehículo de culto se posicione como un referente de innovación y competitividad en la industria. 

El DeLorean vuelve al futuro. Corregido y aumentado. Y es eléctrico. 

Con un diseño de Dario Lauriola de Italdesign Giugiaro, DeLorean Motor Company se prepara para poner en circulación el DeLorean Alpha 5 -aún en etapa de preventa- con su primera entrega en 2024. 

Deja de ser un deportivo de dos asientos, para convertirse en un cuatro plazas de dimensiones similares a un Tesla Model S.

El director ejecutivo de DeLorean, Joost de Vries, ha declarado que ante la complejidad regulatoria creciente para los vehículos de combustión interna y las tendencias de la industria, la decisión de la firma fue lanzar al marcado a un DeLorean totalmente eléctrico.

Con una capacidad de aceleración estimada de 0-60 M en menos de 3 segundos y una velocidad máxima de 155 MPH, el Alpha 5 estará equipado con un paquete de baterías de 100 kilovatios-hora que proporcionará más de 300 millas de autonomía.

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A 4 décadas de distancia, e igual que en la saga de Zemekis, DeLorean Motor Company ha enfrenado el reto de hacer ajustes tecnológicos a su antiguo DMC-12 para dar vida al Alpha 5, según el escenario de futuro para el cual proyectó su regreso.

Esta marca -como prácticamente todas las relevantes en la industria automotriz- ha leído que la tecnología de movilidad del futuro es eléctrica. También sabe que el futuro ya llegó. Estamos de acuerdo. 

 

 

 

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